Portada y Contraportada
HOMENAJE
     
 

Cuando un amigo se va…

(Homenaje a Oscar Cuya,
gran colega y mejor periodista)

Por Félix Grijalba Sato
Director de ‘ La Verdad '

La noticia me tomó por sorpresa: Burgos, periodista de Canal 7, informaba que el menudo pero robusto editor de ‘ La República ' y de tantas lides, se había ido de pronto a la dimensión del no retorno, mientras me preparaba para tomar desayuno.

Quedé estupefacto. La tasa de café permaneció quieta por unos largos e interminables segundos, mientras los recuerdos cruzaban por mi mente: un tráfago de vivencias inundaba mis ojos, mi alma…

Conocí a Oscar en 1984, cuando preparábamos la salida de ‘El Popular', que por entonces era dirigido por Guillermo Thorndike. Eran sesiones maratónicas en las que teníamos que ir llenando la ‘refrigeradora' y dándole forma al estilo del que se convertiría en uno de los diarios de más venta en el Perú.

Oscar estaba a cargo del cuadro de comisiones y por encargo del director iba dando las indicaciones necesarias para ir prefigurando la personalidad de ‘El Popular'.

Al cierre conversábamos sobre lo que se había hecho o dejado de hacer durante el día, y mientras planificábamos la edición del día siguiente, nos sentábamos a la vera de una mesa erizada de cervezas.

Salíamos muy tarde de redacción, pero terminábamos de beber muy temprano. En el lapso de tiempo que mediaba entre la una de la madrugada en que salíamos del diario y las seis de la mañana en que dejábamos nuestra segunda cocina de ideas, habíamos elaborado una serie de tácticas y estrategias para hacer de ‘El Popular' un diario ameno, de lenguaje sencillo y masivo.

Hasta que ‘El Popular' salió a las calles, rompió esquemas y Oscar pasó a ocupar otras responsabilidades en ‘ La República '. Al lado de él aprendí muchos secretos del periodismo y me fui cuajando con sus enseñanzas.

Pasó el tiempo y después de un largo recorrido llegué a la dirección de ‘El Popular', que me sirvió para recibir otra cátedra de Oscar, que subió de ‘ La República ' para asesorarme en la redacción de los titulares.

Efectivamente. Oscar Cuya fue un maestro de los titulares. Su intuición y afinada puntería periodística hizo de él un acertado al momento de sintetizar en los titulares la esencia de la noticia, que muy pocos saben dominar.

Una vez más, Oscar ejercía su maestría sobre mí nutriéndome de enjundiosas enseñanzas, que jamás he olvidado y que me han servido para madurar en esta carrera llena de sorpresas, altibajos pero que nos hacer beber de la adrenalina para gozar de esta pasión que se llama periodismo.

El sábado, después de mis labores en ‘ La Verdad ', fui a verlo al San Antonio de Padua. Tuvo la virtud de congregar a una gran cantidad de colegas con muchos de los cuales nos reencontramos. En sus rostros apergaminados vi el mío propio; y en la quietud de Oscar, avizoré el camino que a todos nos tocará recorrer.

Él nos lleva la ventaja, lo sé, lo sabemos… De todos modos, al tomar conciencia de que se nos fue, de que nos ha tomado la delantera, no pude evitar derramar algunas lágrimas por aquellos momentos que pasamos juntos en redacción, en una mesa erizada de cervezas, viviendo las noticias del lanzamiento de ‘El Popular' y tantas otras que nos hicieron vibrar de emoción…

Y no puedo de dejar de sacarme el sombrero ante su maestría sempiterna, porque cuando un amigo se va, no se va del todo, porque nos deja la esencia de su talento, de su esencia…

¡Salud Oscar, brindo por ti…!

 

A este adiós le hace falta un titular (*)

• Fue uno de los periodistas históricos de La República. Con su ejemplar vocación periodística se convirtió en guía para las nuevas generaciones.

Carlos Páucar

Histórico. Se lanzó la primera edición de La República vía satélite hacia provincias y Óscar Cuya estuvo presente, junto al director fundador Gustavo Mohme Llona.

¡Basta de hipocresías!, ¡Diablos!, ¡Faltan dos horas para el cierre! El hombre de las frases festivas, de las ocurrencias, de las carcajadas imprevistas, que rompían la tensión y el nerviosismo cuando la labor periodística vencía plazos y apuraba los relojes, ya no estará más con nosotros.

Se fue Óscar Cuya Ramos. Periodista a tiempo completo, sin pausa, sin vacilaciones. Ayer dejó de existir víctima de un paro cardíaco, a los 62 años de edad, y cuando seguía siendo todo un ejemplo de vitalidad y de entrega al oficio.

La noticia llenó la sala de redacción de un silencio doloroso. Acostumbrados a recibir informaciones de diferente magnitud, esta vez los periodistas de La República acusamos el impacto con desconcierto: Cuya, el hombre de apenas 1.52 de estatura, pero de admirable grandeza periodística, había fallecido en su hogar de San Miguel poco antes de las tres de la tarde.

Su dolida esposa, Betty, transmitió la noticia, y de inmediato la sorpresa –esa mezcla de aflicción e incomodidad que causa la desaparición de personas a las que estimamos– se difundió por todo el diario y por las redacciones de provincias en donde Cuya, editor fundador del diario, tuvo un rol de primer orden en la formación de equipos periodísticos.

Silencio por Oscare

Momentos. De reportero, Óscar Cuya Ramos vivió el periodismo con intensidad. Al lado, con un grupo de conocidos periodistas.

En su universo. Cuya fue un maestro del titular. Muchas portadas tuvieron su sello particular. Deja esposa y cinco hijos. (Abajo) Minuto de silencio. Todo el personal de La República rinde un emotivo homenaje.

Óscar Cuya Ramos, Oscare para sus amigos, tenía un gran talento para lograr el titular ideal, para la frase corta e impactante, para las palabras que –precisas– lo resumían todo, sintetizaban una idea, una noticia, una posición. Destacaba por eso, pero también por su capacidad de organizar equipos y de darse entero a la amistad, a la risa solidaria.

Por eso, y por su gran profesionalismo, el dolor de su partida llenó los rincones de La República. El minuto de silencio fue impostergable. A las 5.15 de la tarde la plana periodística se reunió para honrar su memoria.

Su ejemplar dedicación a la prensa fue destacada por el subdirector del diario, Carlos Castro. "Siempre estará presente. No olvidemos también su importante aporte cuando la mafia atacó a La República. Su ejemplo nos llevará a estar vigilantes".

Otro trabajador, Tito Hernández, recordó su vocación solidaria, su alegría, su solidaridad. Ernesto Carrasco aludió a su admirable carrera que empezó como los grandes, desde abajo, a fuerza de pulmón. César Romero destacó su tenacidad y ganas de salir siempre adelante.

Y es cierto, Cuya empezó en 1965. Estudiaba el segundo año de Ciencias Económicas en la Universidad San Martín de Porres cuando ingresó como obrero de planta en la Empresa Periodística Nacional (Epensa). El hombre sí se hizo de abajo. Fue portapliegos. Pero el empresario Luis Banchero Rossi se dio cuenta de sus conocimientos económicos, de su potencial en las letras y alentó su capacitación. Permaneció más de 20 años en el diario Correo.

Como los periodistas que no se destacan por estar en la noticia sino por hacerla, Óscar Cuya Ramos demostró en la calle y en la redacción, que el periodismo es un oficio de entrega total, de pasión por el día a día, por los encuentros y desencuentros con la noticia.

En octubre de 1981 se inició en el gran proyecto de La República. Fue redactor de locales, jefe de redacción, editor principal. Uno de los grandes puntales de los cambios que vivió La República en 25 años de existencia.

Editor de los mejores, tampoco se podrá olvidar sus singulares dotes para la bohemia. Grandes amigos de él, como César Terán, Lucho Montero, César Romero, Andrés Jiménez ("Diablos", como él decía), lo saben. "Luchábamos por la primicia, por la portada, y en la madrugada salíamos a festejar", confesó una vez.

Así, pues, el gran Óscar Cuya se fue. ¡Al pie del cañón!, como repetía. No dejó de hacer periodismo hasta horas antes de perder la vida. "Para un periodista hay horario de entrada, pero no de salida", escribió una vez, presagiando quizás esta partida imprevista, en la que parece haberse ido pero por supuesto está presente.

(*) Tomado de ‘ La República '

 

Homenaje

El diablo llegó al cielo (*)

Gustavo Mohme Seminario
Director de La República

¡Carajo, Oscare! Tu partida me sorprende en el Ombligo del mundo. Quiero verte y no hay vuelos hasta mañana. Solo queda que este Cusco milenario acoja mis melancólicos recuerdos esta noche.

Cuánta nobleza y silenciosa perseverancia albergabas, menudo gran hombre. Lo sabemos bien tus compañeros de trabajo, quienes compartimos algunos de los 25 años de pasión que le diste a esta tu casa. Lo sabe bien tu querida Betty, quien muestra una serenidad y aplomo republicano en estas horas tristes. La acompañaremos en tu ausencia, compañero.

Atrás quedó la humilde infancia en tu cálida Mala. De allí traías los realmente buenos piscos caseros que con legítimo orgullo compartías. Aquí queda la leyenda del periodista autodidacta que creció en el periodismo desde conserje hasta editor nacional, del titulero que en honor a su agudeza se ganó el apelativo de "Diablo", del periodista que nunca claudicó y compartió con honor los ideales de Mohme Llona; el grato recuerdo del amigo que me enseñó a sentir la noticia para lograr el titular.

Hoy la redacción está de pie, Oscare, y te despide en medio de la batalla cotidiana que casi no deja espacio para la tristeza. Tu trayectoria será honrada por quien recoja tu pluma, esa es nuestra promesa al pie de tu trinchera. Descansa en paz, compañero.

PD. –Como en tantas noches, hoy no sale el titular... A ver, Diablo, ¿qué le pondrías?

–Ponle "El diablo llegó al cielo", Chicho.

–De acuerdo, Oscare, déjanos ponerle la volada: "Lo reciben con el himno de los vencedores".

(*) Tomado de ‘ La República '

 
     
 

Teléfono 426-6812 / - prensa_laverdad@yahoo.es
Diario LA VERDAD Lima - Perú derechos reservados 2007
Hecho en Depósito Legal Nº 2006-3855